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viernes, 25 de diciembre de 2009

Pad Thai : maravillosa terraza

En esta época estival, lo que más adoro en un buen restorán es que posea una terraza e idealmente alejada del mundanal ruido. Pues bien, PadThai debe tener una de las mejores terrazas de Providencia.

Agobiado por el calor y siendo ya bastante tarde para almorzar, me metí en este discreto lugar del barrio Manuel Montt y me dirigí directo a la terraza. Que maravilla, se apagó el ruido de la calle y solo se escuchaba una ric música tailandesa de fondo mientras los pajaritos trinaban entre los árboles de ese hermoso patio interior. La piscina con agua y una delicada brisa completaban el placer que iba a disfrutar al almuerzo.

Partí con un pisco sour Thai, un delicioso sour con albahaca y leche de coco, una mezcla extasiante. Para acompañar mi aperitivo, solicité unas gyosas de cerdo con salsa Ponzu, fantásticas!!.

Como he ido varias veces a este rico sitio, la carta de platos la he probado casi completa, asi es que acudí a mi memoria de sabores y seleccioné el Kaow Pad, arroz frito con vegetales y camarones con picante grado 2 (puede ser hasta cinco, pero mi estómago me pidió prudencia)

Ahora que el local vende vinos (antes yo llevaba mi propio vino y ellos ponían las copas), elegí un rico Syrah de viña Chocalán que sentó de maravillas con mi rico plato.

Tras esta exquisita experiencia, pude regresar dichoso al frenesí de Santiasco.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Pad Thai : puede ser mucho mejor

He pasado demasiadas veces por la puerta de este restorán y no me animaba a ingresar. De hecho si se le juzgara solo por la entrada, estaría siempre vacío. Sin embargo, esconde un verdadero diamante y todavía puede ser pulido más.

A la hora de la cena tras un día agotador, decidí visitarlo.
Un lugar enorme, al que se accede por un largo pasillo, muy bien ambientado, sobrio y acogedor. Dirigí mis pasos hacia la terraza al fondo, algo me decía que era mejor que estar en los comedores o la zona del bar. No me equivoqué.

Un patio grande y precioso, con pasto y una piscina habilitada y posible de usar (habría que llevar traje de baño, por cierto), iluminación tenue, música suave (bossa) y una paz deliciosa que se respira entre estatuas, vegetación e imagenes de la cultura budista. El sonido del agua en un surtidor de la piscina es maravilloso fondo para gozar una buena cena. Además hay sillones por todos lados, como para descansar relajadamente, mucho espacio y una vista disfrutable.

Tardaron en atenderme, pero pronto tuve mi agua mineral para refrescarme un poco y de paso, ordené mi cena. La primera sorpresa es que no hay vino, de hecho, nada de alcohol. Estupefacto, ya que no esperaba algo así, interrogué un poco y recibí una buena noticia, todo problema es una oportunidad y se puede llevar el vino y atentas copas las pone el restorán. Es decir, eliges el vino que quieres degustar y simplemente lo llevas para tu cena. Bien por eso!!

Pedí un plato llamado Pad Grapraw con camarones, que resultó ser una maravilla. Un salteado de champiñones, albahaca, ají fresco y camarones acompañado de una porción de arroz blanco envuelta como un regalo en hojas de bambú. Para comer el arroz debí retirar el broche, un mondadientes. Un plato contundente y al mismo tiempo de sabores delicados.

A falta de un buen vino (para la próxima llevo uno de los míos) pedí un jugo de frutas muy especial, un batido acuoso de piña, limón y menta, fresco y sabroso.

Las chicas muy simpáticas pero con escasa preparación en servicio, descoordinadas y bastante ausentes. Por suerte, no tenía horario fijo para esta aventura, por lo que igual lo pasé muy bien.

Para el postre, unas brochetas de piña salteadas en leche de coco y espolvoreadas con un molido de maní. Un postre tibio delicioso.

Finalmente, debí ir a la caja a pagar ya que tras una espera bastante más que razonable no apareció nadie y ya era hora de marchar.

Pad Thai, comida extraordinaria, hermoso lugar y con una deuda en el servicio a las mesas que espero mejoren pronto.