En el barrio Brasil, revisité un sector que conocí hace pocos años y que ahora forma parte de una sorpresiva oferta en forma de boulevard.
El rico restorán Per Piacere, el primer wine bar del sector y exquisita cocina italiana en un formato muy moderno y estiloso, ahora forma parte de un cuarteto delicioso, con un restorán de pescados y mariscos, un bar a la europea y un fantástico lugar de comida mexicana.
El Bar Austral, un restorán con estilo, muy bien ambientado, con una carta de platos de mar, una buena oferta de tragos y una música exquisita, hasta Portishead se puede escuchar. Conectado por dentro, se llega al Eurohappy, un bar de vinos, cervezas artesanales y extranjeras, en donde encontramos mis favoritas, cerveza de lujo unas delirium tremens, mmmhh!!!!.
Tras seleccionar nuestras cervezas, muy bienvenidas en un caluroso día, pasamos también por dentro del local al Burrito, un lounge mexicano precioso, lindos colores y espacios pequeños pero perfectamente logrados para disfrutar un aperitivo o bien un happy hour. También alguien podría comer, pero nos resultó más atractiva la oferta del Bar Austral y regresamos.
La oferta de platos, deleitosa y demasiado seductora. No se hizo esperar la selección de rissoto de locos, un rissoto austral (con una gran variedad de mariscos) y unos fantásticos ravioles rellenos de locos. Esas maravillas se domesticaron placenteramente con una botella de Las Chilcas, un pinot noir que siempre sorprende.
No puedo dejar de destacar la exquisita música, el último disco de Sting, unos remixes sabrosos de Madonna y mucho más.
Este Boulevard está de miedo y lo mejor es que uno disfruta en cualquiera de los locales y la cuenta la pides donde quieras, todo conectado como debe ser. Aplausos!!!
sábado, 14 de noviembre de 2009
Boulevard Maturana : genial idea
Juan y medio : delicias a la chilena
No hay opción, la tristeza se apaga con placer asi es que salí del hospital en búsqueda de este lugar para una cita con el alma de mi padre, ya que su cuerpo enfermo yace conectado a las máquinas de una UTI.
En la carretera al sur se encuentra el local original de comida chilena "Juan y medio", en directa alusión al porte de su dueño, pero hace muy poco tienen un nuevo local en el barrio Brasil. Un local grande en una linda casona en plaza Brasil.
Ambientado a la chilena, con ciertos toques de elegancia que dan muestra de una interesante propuesta. La temperatura bien acondicionada para convertir el sitio en un remanso para evitar el calor de santiasco. Con tres pisos habilitados, un primer piso para no fumadores, el segundo para fumadores y un tercero más pequeño el cual puede permitir un reservado para un grupo bastante grande.
Los platos, todos del universo imaginario de la cocina chilena, con una oferta de menú para cada dia de la semana (dos opciones) y muchos otros a la carta, todos platos contundentes y sabrosos.
Al llegar, apenas me acomodo, traen a la mesa dos enormes panes amasados calientitos, una porción de mantequilla y aji pebre, ideales para calmar el hambre y prepararse para lo mejor.
Como es de esperar, la música 100% chilena para mantener la armonia del concepto y parda no ser menos, pedí inmediatamente para el aperitivo una fresca vaina. Luego ordené un clásico charquicán con un par de huevos fritos y una ensalada bien chilena, favoritos de mi padre, además de una botella del rico ensamblaje tinto de Misiones de Rengo (cabernet sauvignon y syrah).
Llegó un plato descomunal que gocé de principio a fin y que me sirvió para brindar varias veces por la recuperación de mi viejo.
Fantástico almuerzo, la comida chilena tiene un gran exponente en este lugar.
Etiquetas: barrio Brasil, comida chilena, juan y medio
sábado, 25 de abril de 2009
Biketrekking de sábado : nueva fórmula
Hoy practiqué una variante a mi habitual krrtrekking, lo hice en bicicleta. Si bien deambulo en cleta muchas veces después de subir el cerro San Cristóbal, en esta ocasión fue un trance deliberado.
Llegar al mirador de la cumbre del cerro, beber un rico mote con huesillos y descansar un poco, fue el preámbulo de espera para que llegara mi partner (supuestamente iba a llegar a esa hora). Como me resulta difícil esperar mucho rato, le avisé telefónicamente que me iba a pasear hacia La Pirámide (ahora que está abierto el paso, tras la construcción del famoso tunel que se perforó en nuestro lindo cerro). Tras recorrer toda la ruta, insistí en llamar sin resultados, así es que decidí volver a subir a la cumbre (hay mala señal para celulares). A medio camino, me encontré con una pareja de amigos que se inicia en los paseos por el cerro. Iban con Cata (una chiquitita de 4 meses) metida en una mochila. Los acompañé hasta dejarlos instalados en el mirador de la cumbre, momento en que supe que mi partner se había ido a su casa. Buena la coordinación!!!!
Acordamos un nuevo punto de reunión y bajé raudo hacia el barrio Bellavista y curiosamente llegamos juntos al Ocean Pacific. El trámite fue un fracaso, no nos podían arrendar el lugar que queríamos para las bodas de oro de los viejos. MMMhhh!!!. Plan B en ejecución.
Nos fuimos ruteando por las calles del barrio Bellavista, pasamos al barrio Recoleta y el hambre me llevó a una picada que conozco hace más de 20 años, El Toro, en calle Loreto. Un lugar propicio para disfrutar un aperitivo. Pedimos un ceviche de salmón (especialidad de la casa) y unos pisco sours. Un plato con piso de lechugas, unos cortes de alcachofas, alcaparras, los trocitos de salmón y palta. Exquisito!!!. Una armonía cítrica acompañada de una maravillosa selección de música lounge.
Tras el aperitivo, nuevo destino, el barrio Brasil. Un vertiginoso paso por el Parque Forestal, luego por el medio del centro de Santiasco, saludamos al paso al siempre filete Majestic y seguimos hacia el Ocean Pacific, en calle Cumming.
Trámite exitoso y unos minutos después, ibamos rumbo al barrio Santa Isabel. Ahí logramos conectar con la ciclovía (la gran deuda del país con sus ciclistas) y admirar la vieja arquitectura del sector y esos entrañables lugares como la feria de libros que hay en la intersección con calle San Diego.
Por fin, llegamos al barrio de Avenida Italia, en busca de unos nuevos sitios que se han instalado. La sorpresa de esa hora, casi todos cerrados (bueno, era un poco tarde).
Se ejecuta de inmediato plan C. Llegamos en cleta hasta el Olivié, un restorán ruso que me encanta y que siempre está abierto cuando se le necesita.
Partimos con agua mineral como de costumbre y tras una insidiosa mirada a la carta, salió la selección perfecta de platos. Beef Stroganoff (carne de res cortada en juliana con champiñones, salsa de tomate, crema, vino blanco y arroz) para mi compañero y para mi hambre atroz una Buzenina (carne de cerdo en láminas, literalmente para cortar con el tenedor, cocida en finas hierbas, con trozos de repollo y salsa de ciruelas) maravillosa!!.
A la selección le pusimos un vino syrah reserva de Casa Silva año 2005 delgado y potente, que nos dio un delicioso placer en la combinación. Realmente, muy rico!!!
Para los postres elegimos una torta Olivié (un bizcocho ruso con crema de leche al limón y chocolate) y una pequeña grosería un Blichiki (crepes rellenos con ricota y salsa de cítrico y menta).
Gran biketrekking, tendrá que repetirse!!