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miércoles, 26 de marzo de 2008

Puerto Pirata : inesperado sabor

Muchas líneas de nostalgia y algunos párrafos de melancolía me hicieron caminar por el barrio Providencia esta noche. Pos simple casualidad llegué a cenar a un restorán apacible y de poca bulla en Román Díaz.

Poca gente, música criolla peruana en los parlantes y una iluminación sobria para un ambiente sencillo, pero prometedor.

Mis pasos al segundo piso para descubrir una pequeña pero interesante terraza, un lugar para fumadores y sobretodo para quienes queremos estar solos. Una noche con temperatura agradable y por fortuna, en un lugar en que hay poco ruido automotriz.

Un solícito mozo dió en el clavo al ofrecerme un pisco sour peruano, ya que solo en restoranes peruanos acepto el sacrilegio de un aperitivo ácido. Pedí una entrada clásica, una causa peruana de atún, esas papas amarillas unidas a palta, ají amarillo, mayonesa y por supuesto una capa de atún. Luego, deviene un largo diálogo para convencer al mozo que no es posible que su carta de vinos no contenga pinot noir y la sorpresa increíble, cuando aparece, fuera de repertorio una botella de la bendita cepa, Viña del Mar 2004 (valle de Casablanca). Todo bien.

Pido entonces, un filete de corvina a la plancha con camarones, ostiones, calamares y cortes de pulpo salteados en una rica salsa peruana condimentada con vino blanco, ajo, pimientos y el habitual ají amarillo. Los tonos ahumados y el sutil gusto a madera del pinot noir maridó con perfección con la comida, armonía necesaria para hacerme sentir el placer de estar solo.

Un buen café negro puso punto final al goce de media semana, en fin, la vida continúa

domingo, 30 de diciembre de 2007

Tres regiones : nuevo restorán peruano

De toques sencillos y bien ubicado en el pletórico barrio de Manuel Montt, se ubica este nuevo restorán peruano, que visité recientemente.

Una casona antigua, de paredes blancas y mínima decoración, muy peruana toda y con un pequeño pero interesante patio, una terraza para los que gustamos esa sensación de estar al aire libre disfrutando algo rico.

Lenta atención, los chicos peruanos se toman su tiempo para aparecer, aunque tras un pequeño diálogo cuestionador, todo comienza a rodar. Mesas con mantel y buenas copas de cata, preludian una sesión interesante. La carta, muestra una gran variedad de platos, algunos claramente inscritos en la fusión peruana (con muchas otras culturas gastronómicas).

Tras superar el impasse inicial, pedimos unos platos llamativos, un arroz chaufa adobado en soya con camarones salteados y unos fettucini con camarones (deliciosa debilidad la nuestra) y salsa huancaina, acompañados de un delicioso carmenere cuvée de Misiones de Rengo, que hizo un contrapunto excelente con estos platos exquisitos.

El restorán promete, debe perfeccionar los ritmos de atención, la cocina está notable. Se suma positivamente al circuito gastronómico peruano de Santiasco.